
.
.vida.











¿Qué hacemos cuando necesito que estés conmigo? ¿Cómo podríamos solucionar el simple hecho de que te deseo locamente y ya; punto, c'est fini? ¿Cómo demonios lucho solo contra la agonía de no besarte cuando quiero, de tener que sedar mi cuerpo con drogas para contener su deseo de estar contigo? ¿Y volar?
Bueno, la respuesta es muy sencilla. No existe una solución. Pésima, pero real y concreta. Me tengo que fregar la vida esperando el momento en que pueda estar junto a ti. Como si las cosas no fueran complicadas por naturaleza.
Y luego escucho al imbécil gritar que no somos nada, que los átomos del cuerpo son espacio vacío, que la energía es sólo divina y nada más. ¿Qué entonces con las moléculas de mi inspiración? ¿Qué entonces con las reacciones químicas que rigen mi vida? Al diablo con él.
Somos lo que sentimos. Esa energía que trae la vida consigo. Por eso yo ya no puedo estar aquí. Me escapo, me escapo de esta tortura lejana para correr contigo. Diva del sol.


Siento ardor en mi garganta. Cada gota se absorbe lentamente. Dos o tres pasos y mis huellas yacen en la nieve. Le gritan al mundo un pasado, el fósil acuoso de la dirección.
Me sigue quemando el cuerpo; pero esta vez mi necedad se exacerba. Quiero más. La nieve no parece enfriarme.
A lo lejos, el horizonte ríe: presumiendo que nunca llegará el día en que lo deje de admirar. A él, que es tan infinito, tan armónico. Mientras tanto, yo sigo ardiendo en el goteo de mi martirio. Lo que necesito ya es cuestión pasada. No quedan más palabras ciertas. Sólo silencio y quemazón. Ahora hasta la pansa se desgarra.
Tres estados de coma... el de una realidad general... el de una realidad imaginaria... el de una realidad personal. Estoy en coma con los tres; el goteo comienza a gustarme. Ahora que el universo venga completo a mi. Que me disuelva. Que robe mi energía.


¡ZZZZZZZZzzzzzzzzzzzzzzzzzzzummmmm! Cayó muerto.
Con la misma calma con la que lees mis palabras...
¡ZZZZzzzzzzzzzummmmm! Otro indígena más muere en tus garras.
Y mientras piensas que es inelocuente y absurdo...
¡ZZZZZzzzzzzzumbale! La frialdad ha matado tu corazón.
¿Y si apuntamos en tu dirección?
Egoísta de los dineros; sucio y déspota...
Llorarás cobardemente por tu vida.
No importa que nuestras balas sean de paz.


Una explosión terrible llenó de vacío la ciudad de la ignorancia. Cada faro, cada esquina, cada auto o local independiente perdieron compañía y movimiento. Todos ganaron la soledad. Ciudades alrededor del mundo presentan su candidatura para el mismo resultado. Algunos países (completos) se postulan también.
Para ese concurso: ¿Estados Unidos será el primero?
Quizás los juegos de video lo "salven".
El pueblo mundial dice que no, ya ni la ironía divierte.
1042 semanas han pasado. Ya ni siquiera cuento los inviernos. Estoy encerrado en un calabozo de piedra, volando con el aroma de la coca; seco, seco por dentro como una raiz muerta. Cuánto tiempo habré pasado en este endemoniado lugar que ya no recuerdo la luz. Mi enfado contra la agonía no se puede exacerbar más.
Intento suicidarme y reconocer en mi sangre la existencia. Suicido mi mente para teminar esto que en vida ya no se puede detener. He roto 20 espejos. Uno por año, para demostrarle a la muerte que la maldición me resbala. Me transforma en algo que no soy.
Las predes de esta prisión están grabadas con el rasguño de mi anhelo: no puede ser peor...
Frente a mi, está el espejo de la realidad. Vago por las calles desesperado, sin rumbo fijo. Mi cuerpo, golpeado por la vida; mis manos, desgarradas por la noche. No tengo alma ni mente ni emoción. Soy un ente perdido, cuya soledad sólo se cura con el recuerdo permanente.
Los tatuajes callejeros cambiaron el color a mi piel. Ahora es gris, es penumbra. Grita lo que un marcador salvaje grava al día sobre su superfície áspera: ¡auxilio!
Pero finalmente, me amarro a un pensamiento lustroso, color cielo. Eres tú. Tú que estás aquí. Y mientras camino con rumbo marcado a mi perdición, te tomo de la mano cual soga bien apretada, para que no me dejes partir.
Cuando la luz siembra sus semillas en el campo, algunas florecen como si la vida les fuera inherente, espontánea, propia. Otras, por el contrario, requieren tiempo y cariño de la tierra para estirar el tallo. Lord Alejandro es el fruto nato de la primera estirpe. Las espinas que rodean su cuerpo presumen con elegancia y tristeza una vida dura. Pero entre sus hojas, siempre nace lo más hermoso: el plano congelado de la realidad.

Un árbol. Hoy llueve soledad sobre sus grandes hojas.
Éstas se doblan. Lluvia que adopta como lágrimas y
frutos que nacen del dolor.
Las estrellas. Lejos orillan, años luz orillan, y entre el
mar interestelar de señales afectivas, se muestran vivas
o palpitantes cuando respiran conmigo en la oscuridad.
Un cigarrillo. Sentado sobre la banca de la vida
extraigo de mi cajetilla de suspiros un cigarrillo. Fumo
con delicadeza el tiempo para contemplar las humaredas
de la realidad.

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